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Arte
popular, tradiciones, razas, mitos y leyendas son las
que alimentan el alma para que no se marchite en el vuelo
del tiempo y mantenga viva la identidad de nuestros pueblos.
De
su corazón salta a borbotones, vendedoras de
macetas: (tradición típica caleña
en el día de los ahijados), nuestra negra vendedora
de frutas con su armonioso caminar en su sonrisa. El
elevador de cometas, típico
con sus cometas. La altivez de la raza guajira, del
Arahuaco o Kogui de la Sierra Nevada de Santa Marta,
nuestro músico y campesinos andinos, y el alegre
espíritu de los personajes costeros, acompañados
todos ellos por sus mitos y leyendas y fiestas populares,
sus vírgenes y santos arraigados en el mestizaje.
El
oro y la fe en los tiempos de la colonia. El orgullo
y la ostentación de las patronas.
El
misticismo y delicadeza indígena transforma el
ropaje de Franciscano, de vírgenes y santos en
trajes principescos. Y que decir de sus alhajas, de
sus cruces de brillantes, pulseras y filigrana, piedras
preciosas, pechera y coronas cuajadas de esmeraldas
y rubíes, dándose así en el arte
de la imaginación.
Así
nuestras almas en su búsqueda se despierta con
un brillo extraño como emergiendo de un manantial
de aguas metálicas reclamando su verdad...
La
vida , la raza, la identidad y así flotar y navegar
en ella y encontrar el éxtasis para escribirlos
en canto, en las letras, en el sueño, en el barro,
y hacerlo hasta morir.
Arte,
vida, corazón , barro y fuego.
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